Todavía no se ha subido ninguna al escenario del Teatro Maestranza, pero ya hay zapatos cerrados de afilado tacón que caminan solos con la querencia inédita de inaugurar un sendero para el que vela armas un grupo cada vez más crecido de féminas cofrades.
Me preguntaron en una ocasión cual era mi parecer sobre los numerosos pregones y exaltaciones de Semana Santa que se pronuncian estos días antes de la fecha aúrea del Domingo de Pasión cuya mañana se destina al Pregón por antonomasia que es el de las cofradías de la ciudad y contesté que me parecía muy bien porque pensaba entonces y pienso ahora que son ocasiones inmejorables para difundir el evangelio en boca de seglares.
No me detuve entonces en la irrupción de la mujer en este arcano de la oratoria, pero observo que con el transcurso del tiempo son cada vez más las que ocupan atriles y micrófonos llenando de sentimientos y reflexiones estos parlamentos que,en boca de ellas, aparecen adornados con las galas de la feminidad.
He tenido ocasión de comprobarlo recientemente. Me invitaron como pregonero antiguo a presidir la Exaltación cofrade del Colegio Highland y asistí complacido, lo que, si soy sincero, distaba mucho de lo que, aun instalado en el más optimista de los supuestos, había llegado a suponer.
Inauguró sus posibilidades oratorias un alumno de los últimos cursos que resultó ser el nieto de un querido amigo, el que fuera Alcalde de la Ciudad y Hermano Mayor muchos años de la Cofradía de Pasión, Juan Fernandez Rodríguez y García del Busto. Y pronunció el Pregón del Colegio una profesora. Joven y muy agraciada, de la que supe se había licenciado en Químicas, pero que, a juzgar por su disertación, se diría que lo había hecho en Literatura y sobresaliente cum laude.
Alfonso se llama el estudiante. Mercedes Jurado, la profesora. Auguro al nieto de ese antiguo y gran regidor de la ciudad que, a sus noventa y dos años, no pudo estar presente en la ceremonia, un futuro próspero que le lleve como poco al ambón del Pregón universitario. Y me he prometido, y así lo proclamé solemnemente al término del acto, convertirme en vocero y propalador de las excelencias que adornan a la profesora Jurado, candidata firme a ser proclamada un día pregonera oficial de las cofradías sevillanas.
Si a las pregoneras en ciernes que optan en la actualidad a ser elegidas para este preciado empeño las traslado a una metáfora taurina, me atrevo a afirmar sin dudarlo ni un instante que acaba de encenderse en el cielo de la ilusión esperanzada donde titilan como estrellas una nueva que empieza a relucir con la fuerza de José Tomás y el arte de Morante de la Puebla.
Pregunten, pregunten a quienes la escucharon el otro día.
domingo, 29 de marzo de 2009
viernes, 27 de marzo de 2009
La sencilla grandeza de los capataces históricos.
“Ni costaleros, ni toreros. Los largos a poner farolillos en la Feria”. No me acuerdo ahora mismo quien lo decía y no es mi deseo atribuir frases a quien no las pronunciara.Tal vez uno de esos viejos cíclopes ya fallecidos, alguno de la cuadrilla de Los Ratones de Rafael Franco Rojas, a los que entrevisté para algún reportaje.
Todavía guardo sus voces en los casetes pero me resulta prolijo y duro ponerme a escucharlos.
¿Tu has visto alguna vez un torero alto?... Me preguntaban. Salen muchos. Triunfan muy pocos. Si acaso como banderilleros. Ahí tienes a Antonio Luque Gago. Como costaleros, menos. No caben. A todo tirar, en la primera.
Sin embargo las cuadrillas de los bajitos siempre se han hecho famosas. A Paco Amaro, uno de los artífices de los costaleros hermanos del Calvario, le gustaban así.Y ponderaba el acierto del capataz de capataces, Franco Rojas, de conjuntar el grupo. El paso ha de elevarse menos en cada levantá, con lo que el esfuerzo repetido es menor. Y los hombres, bajitos y fornidos, conforman una masa elástica de extraordinaria capacidad.
Eran otros tiempos. Cuando aquellos manigeros del terno negro que, en su mayoría habían aprendido debajo del palo, hacían gala de humildad y sencillez, virtudes que hoy se añoran tanto ante esas actuaciones escénicas, al llegar a la Campana, orientándose hacia los micrófonos y las cámaras de la tele.
Capataces prácticos que no tenían que emplear nunca la socorrida expresión de “llámate Fulano” como recurso para evitar el error de pedir la “derecha alante”, en vez de mandar la izquierda y que, al frente de sus hombres, lo daban todo por la cofradía que los contrataba sin servirse nunca del puesto para su promoción personal.
Conviene recordarles siempre a fin de seguir su ejemplo, exento de esos caprichos y posturas dictatoriales que tanto daño pueden hacer a las relaciones públicas de una hermandad.
¡Ay de la Junta de Gobierno que no sepa verlo a tiempo! Y qué sorpresa la suya – la de la Junta, por supuesto, o la de esos miembros que siempre andan organizando espectáculos o festivales para conseguir dinero - cuando a ese costalero aspirante, empresario joven o periodista conocido, ya curtido bajo otras trabajaderas, que vino repetidamente desde Madrid a los ensayos de la cuadrilla sin que jamás le dejaran tocar el palo que le envenenó antes, andando el tiempo le pidan un favor, se excuse y no lo atienda.
En los libros viejos está la sabiduría y aquí, en el mundillo del costal y el llamador, en los que legaron sus conocimientos escribiéndolos con la trayectoria inteligente y ejemplar de sus vidas. Aquellos capataces antiguos que bien pudieran advertir a muchos de los de nuestros días: “Me ví a morí y no te ví a dejá enseñáo”
Todavía guardo sus voces en los casetes pero me resulta prolijo y duro ponerme a escucharlos.
¿Tu has visto alguna vez un torero alto?... Me preguntaban. Salen muchos. Triunfan muy pocos. Si acaso como banderilleros. Ahí tienes a Antonio Luque Gago. Como costaleros, menos. No caben. A todo tirar, en la primera.
Sin embargo las cuadrillas de los bajitos siempre se han hecho famosas. A Paco Amaro, uno de los artífices de los costaleros hermanos del Calvario, le gustaban así.Y ponderaba el acierto del capataz de capataces, Franco Rojas, de conjuntar el grupo. El paso ha de elevarse menos en cada levantá, con lo que el esfuerzo repetido es menor. Y los hombres, bajitos y fornidos, conforman una masa elástica de extraordinaria capacidad.
Eran otros tiempos. Cuando aquellos manigeros del terno negro que, en su mayoría habían aprendido debajo del palo, hacían gala de humildad y sencillez, virtudes que hoy se añoran tanto ante esas actuaciones escénicas, al llegar a la Campana, orientándose hacia los micrófonos y las cámaras de la tele.
Capataces prácticos que no tenían que emplear nunca la socorrida expresión de “llámate Fulano” como recurso para evitar el error de pedir la “derecha alante”, en vez de mandar la izquierda y que, al frente de sus hombres, lo daban todo por la cofradía que los contrataba sin servirse nunca del puesto para su promoción personal.
Conviene recordarles siempre a fin de seguir su ejemplo, exento de esos caprichos y posturas dictatoriales que tanto daño pueden hacer a las relaciones públicas de una hermandad.
¡Ay de la Junta de Gobierno que no sepa verlo a tiempo! Y qué sorpresa la suya – la de la Junta, por supuesto, o la de esos miembros que siempre andan organizando espectáculos o festivales para conseguir dinero - cuando a ese costalero aspirante, empresario joven o periodista conocido, ya curtido bajo otras trabajaderas, que vino repetidamente desde Madrid a los ensayos de la cuadrilla sin que jamás le dejaran tocar el palo que le envenenó antes, andando el tiempo le pidan un favor, se excuse y no lo atienda.
En los libros viejos está la sabiduría y aquí, en el mundillo del costal y el llamador, en los que legaron sus conocimientos escribiéndolos con la trayectoria inteligente y ejemplar de sus vidas. Aquellos capataces antiguos que bien pudieran advertir a muchos de los de nuestros días: “Me ví a morí y no te ví a dejá enseñáo”
lunes, 23 de marzo de 2009
La imagen de candelabro y el bacalao de la hermandad.
¡Qué barbaridad!, exclamará el lector por poco docto que sea en terminología cofrade. ¿A qué viene esto?… Pues muy sencillo a que me voy a referir a las inexactitudes e incorrecciones en que incurrimos todos aquellos que nos atrevemos a describir las cofradías. Y, como puede verse, al escribir “todos” me incluyo en el grupo.
El título sin duda está destinado a llamar la atención.Pero no es exagerado.Al menos en su segunda mitad. El candelabro es un candelero.Pero el candelero no siempre es un candelabro.Candelabro, escribe Carrero, es un candelero de uno o más brazos que se apoya sobre un pie para colocar velas de cera. Y candelero, un soporte formado para sustentar el busto de una imagen, llamada así, imagen de candelero, a cuya tipología corresponden las de las diferentes advocaciones de la Virgen que desfilan en pasos de palio.
Por fortuna, este error no es frecuente. El primero, denominar como “bacalao” al estandarte de la corporación, sin embargo, se ha hecho ya tan habitual como esas “revirás” que ponen nerviosos a los amantes de la pureza lingüística.
Cierto es que el lenguaje de capataces y costaleros descansa sobre la extensión y aplicación a su trabajo de no pocos términos náuticos, pero no de la mar, sino de los muelles de donde procedía la mayoría de los primitivos.
Y “revirar”, que no debe tomarse rigurosamente como sinónimo de girar, puede sustituirse por torcer, pero se emplea más sobre las olas marinas con el significado de repetir la virada, es decir volver a virar.
Hay que seguir leyendo a Carrero. En estos días de horas inquietas y fugaces donde se consuma la espera, una de sus últimas obras, el “Diccionario Cofradiero”, del que vio publicada la tercera edición en el 2002 tras haber dado a la luz las anteriores en 1981 y 1996, ésta con más de tres mil quinientas expresiones de la Semana Santa y un número superior a las mil doscientas fotografías, puede resultar indispensable para llamar a las cosas por su nombre sin necesidad de recoger las expresiones vulgares que los profesionales estamos llamados a corregir.
El micrófono que se deposita en las manos de quien arrostra la responsabilidad de narrar el desfile procesional de una cofradía supone una confianza de la sociedad en su formación y quehacer técnico que no debe ser defraudada.
Sería imperdonable que, para narrar la visión pública de un cuadro que ha estado colgado y expuesto en una pinacoteca, se confiara en quien ignorase todo o casi todo de los estilos pictóricos y hubiera de acudir al vulgo para encontrar una terminología que necesariamente habría de chocar con la calidad de la obra. Y esto es lo que sucede cuando ese compendio admirable de arte y devoción que es cada paso de cualquier cofradía se describe con desconocimiento o torpeza.
Las palabras que, como “revirá”, “bacalao” y otras muchas se insertan en la expresión popular, figuran en el diccionario de ese analista e historiador cofrade irrepetible que fue Juan Carrero. Dejémoslas allí y sustituyámoslas por sus sinónimos ortodoxos que, por supuesto, también aparecen en su obra.
(Publicado hoy en "La Razón" a donde todos los lunes de Cuaresma envío un artículo)
El título sin duda está destinado a llamar la atención.Pero no es exagerado.Al menos en su segunda mitad. El candelabro es un candelero.Pero el candelero no siempre es un candelabro.Candelabro, escribe Carrero, es un candelero de uno o más brazos que se apoya sobre un pie para colocar velas de cera. Y candelero, un soporte formado para sustentar el busto de una imagen, llamada así, imagen de candelero, a cuya tipología corresponden las de las diferentes advocaciones de la Virgen que desfilan en pasos de palio.
Por fortuna, este error no es frecuente. El primero, denominar como “bacalao” al estandarte de la corporación, sin embargo, se ha hecho ya tan habitual como esas “revirás” que ponen nerviosos a los amantes de la pureza lingüística.
Cierto es que el lenguaje de capataces y costaleros descansa sobre la extensión y aplicación a su trabajo de no pocos términos náuticos, pero no de la mar, sino de los muelles de donde procedía la mayoría de los primitivos.
Y “revirar”, que no debe tomarse rigurosamente como sinónimo de girar, puede sustituirse por torcer, pero se emplea más sobre las olas marinas con el significado de repetir la virada, es decir volver a virar.
Hay que seguir leyendo a Carrero. En estos días de horas inquietas y fugaces donde se consuma la espera, una de sus últimas obras, el “Diccionario Cofradiero”, del que vio publicada la tercera edición en el 2002 tras haber dado a la luz las anteriores en 1981 y 1996, ésta con más de tres mil quinientas expresiones de la Semana Santa y un número superior a las mil doscientas fotografías, puede resultar indispensable para llamar a las cosas por su nombre sin necesidad de recoger las expresiones vulgares que los profesionales estamos llamados a corregir.
El micrófono que se deposita en las manos de quien arrostra la responsabilidad de narrar el desfile procesional de una cofradía supone una confianza de la sociedad en su formación y quehacer técnico que no debe ser defraudada.
Sería imperdonable que, para narrar la visión pública de un cuadro que ha estado colgado y expuesto en una pinacoteca, se confiara en quien ignorase todo o casi todo de los estilos pictóricos y hubiera de acudir al vulgo para encontrar una terminología que necesariamente habría de chocar con la calidad de la obra. Y esto es lo que sucede cuando ese compendio admirable de arte y devoción que es cada paso de cualquier cofradía se describe con desconocimiento o torpeza.
Las palabras que, como “revirá”, “bacalao” y otras muchas se insertan en la expresión popular, figuran en el diccionario de ese analista e historiador cofrade irrepetible que fue Juan Carrero. Dejémoslas allí y sustituyámoslas por sus sinónimos ortodoxos que, por supuesto, también aparecen en su obra.
(Publicado hoy en "La Razón" a donde todos los lunes de Cuaresma envío un artículo)
domingo, 22 de marzo de 2009
Perplejidad ante el crimen de Marta.
Cada día que pasa aumenta el desasosiego, la sorpresa y lo que no quiere verse ni decirse, el clima de alarma social que este desgraciado suceso y sus consecuencias posteriores está ocasionando en la sociedad española.
Sobran ya las palabras, las promesas y las expectativas razonables. A estas alturas, lo único que puede volver a producirse es otra versión de los hechos que vengan a justificar la evidencia: que los restos de la pobre chiquilla asesinada no estén donde ahora los buscan y que el lugar exacto se siga ocultando por un miedo que hasta ahora no muestran los presuntos inculpados ni ante la ley ni ante los funcionarios llamados a hacerla cumplir.
Algo va mal, no quiero decir todo, cuando el pueblo clama por la aplicación de la cadena perpetua… cuando cualquier visitante de los Juzgados puede contemplar
cómo muchos miembros de los Cuerpos de Seguridad han de acudir acusados por sus detenidos en una estrategia de autodefensa montada sobre falsos malos tratos y cuando, al final del túnel, se llega siempre a lo mismo, a la prepotente ineficacia de una clase política que es la llamada a redactar las leyes y a procurar su cumplimiento.
Mientras tanto se derrochan esfuerzos y dinero que, por mucho que se cuantifiquen y se lleguen a cargar sobre los condenados, la sociedad sabe de sobras que no pasará de las palabras y que al final será ella misma la que habrá de correr con los gastos, como le consta que ya andan sueltos por las calles muchos asesinos confesos ante pruebas evidentes logradas por la Policía, y enrejados, a quienes atenuaron la pena esos beneficios carcelarios que jamás suavizarán la cadena perpétua del dolor y la ausencia que lacera el corazón de las familia de las víctimas.
Sobran ya las palabras, las promesas y las expectativas razonables. A estas alturas, lo único que puede volver a producirse es otra versión de los hechos que vengan a justificar la evidencia: que los restos de la pobre chiquilla asesinada no estén donde ahora los buscan y que el lugar exacto se siga ocultando por un miedo que hasta ahora no muestran los presuntos inculpados ni ante la ley ni ante los funcionarios llamados a hacerla cumplir.
Algo va mal, no quiero decir todo, cuando el pueblo clama por la aplicación de la cadena perpetua… cuando cualquier visitante de los Juzgados puede contemplar
cómo muchos miembros de los Cuerpos de Seguridad han de acudir acusados por sus detenidos en una estrategia de autodefensa montada sobre falsos malos tratos y cuando, al final del túnel, se llega siempre a lo mismo, a la prepotente ineficacia de una clase política que es la llamada a redactar las leyes y a procurar su cumplimiento.
Mientras tanto se derrochan esfuerzos y dinero que, por mucho que se cuantifiquen y se lleguen a cargar sobre los condenados, la sociedad sabe de sobras que no pasará de las palabras y que al final será ella misma la que habrá de correr con los gastos, como le consta que ya andan sueltos por las calles muchos asesinos confesos ante pruebas evidentes logradas por la Policía, y enrejados, a quienes atenuaron la pena esos beneficios carcelarios que jamás suavizarán la cadena perpétua del dolor y la ausencia que lacera el corazón de las familia de las víctimas.
viernes, 20 de marzo de 2009
La familia García Ramos hace publicidad.
Me he consagrado a ver los anuncios de la tele. En ocasiones la caja tonta se pone tan insoportable que lo mejor está cubriendo esos espacios comerciales anunciados ahora con los minutos de pausa en vez de con el ridículo consejo de la presentadora o el presentador de turno “volvemos después de la publicidad.No nos fallen, por favor” ante lo que uno se dice.”Pues va a ser que no. A la vuelta no me pillas ni harto de sopa”.
Los anuncios, aparte de las películas de la factoría Disney son lo que ven mis nietos y siempre me he sentido atraído por todo aquello que atrapa a la infancia. El spot de SuperSol me parece ingenioso… los de algunos automóviles, incomprensibles… los de las colonias, presuntuosos… y el de Ecoactúa, sorprendente… y hasta indignante. Voy a ver si me explico:
Ecoactúa es la iniciativa para el compromiso andaluz frente al cambio climático. En este proyecto parece que tiene que ver la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía y creo que el Instituto Tecnológico del Diseño Andaluz como igualmente la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa de la Junta de Andalucía.
Lo que yo ignoraba hasta ahora es que también anduviese metida en el proyecto la familia de García Ramos, iconógrafo del regionalismo andaluz que fue capaz de interpretar con sus pinceles las costumbres de Andalucía y sus gentes en obras que representan la pintura regionalista de su tiempo.
García Ramos, tiene dedicada una glorieta en los Jardines de Murillo y dispone de una calle rotulada con su nombre que discurre cercana al Museo y al Hotel Colón.
Los expertos dicen que el conjunto de su obra le convierte en uno de los mayores exponentes de la pintura de su época. Inspirado en temas cotidianos, reproduce la gracia de los personajes populares y el ambiente festivo de la ciudad y muchas de sus escenas aparecen empapadas del romanticismo de la época con personajes como saltimbanquis o bandoleros.
Por si fuera poco la familia emparentó con la del mítico arquitecto de la Exposición Iberoamericana Aníbal González y sus herederos siguen viviendo en la ciudad como siempre lo hicieron sus antepasados.
Todo esto que seguramente conocen de sobras los que puedan leerme, probablemente lo ignoran los publicitarios que consiguieron esta sustanciosa campaña de la Junta de Andalucía.
No es extraño. Otro bloguero escribía días pasados:
“Esperando en la parada del autobús, me quedo mirando la parte de atrás de uno de ellos y leo un mensaje municipal que dice: "Usar el transporte público no contamina, comprometerse".
¿Qué significa eso? ¿Querrá decir "Usa el transporte público, no contamina, comprométete"?.
¿Quién va a poner al rotulista de cara a la pared?
Así nos va, si no saben ni leer ni escribir ¿qué les vamos pedir? ¿Qué hagan puentes y caminos?.”
Los anuncios, aparte de las películas de la factoría Disney son lo que ven mis nietos y siempre me he sentido atraído por todo aquello que atrapa a la infancia. El spot de SuperSol me parece ingenioso… los de algunos automóviles, incomprensibles… los de las colonias, presuntuosos… y el de Ecoactúa, sorprendente… y hasta indignante. Voy a ver si me explico:
Ecoactúa es la iniciativa para el compromiso andaluz frente al cambio climático. En este proyecto parece que tiene que ver la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía y creo que el Instituto Tecnológico del Diseño Andaluz como igualmente la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa de la Junta de Andalucía.
Lo que yo ignoraba hasta ahora es que también anduviese metida en el proyecto la familia de García Ramos, iconógrafo del regionalismo andaluz que fue capaz de interpretar con sus pinceles las costumbres de Andalucía y sus gentes en obras que representan la pintura regionalista de su tiempo.
García Ramos, tiene dedicada una glorieta en los Jardines de Murillo y dispone de una calle rotulada con su nombre que discurre cercana al Museo y al Hotel Colón.
Los expertos dicen que el conjunto de su obra le convierte en uno de los mayores exponentes de la pintura de su época. Inspirado en temas cotidianos, reproduce la gracia de los personajes populares y el ambiente festivo de la ciudad y muchas de sus escenas aparecen empapadas del romanticismo de la época con personajes como saltimbanquis o bandoleros.
Por si fuera poco la familia emparentó con la del mítico arquitecto de la Exposición Iberoamericana Aníbal González y sus herederos siguen viviendo en la ciudad como siempre lo hicieron sus antepasados.
Todo esto que seguramente conocen de sobras los que puedan leerme, probablemente lo ignoran los publicitarios que consiguieron esta sustanciosa campaña de la Junta de Andalucía.
No es extraño. Otro bloguero escribía días pasados:
“Esperando en la parada del autobús, me quedo mirando la parte de atrás de uno de ellos y leo un mensaje municipal que dice: "Usar el transporte público no contamina, comprometerse".
¿Qué significa eso? ¿Querrá decir "Usa el transporte público, no contamina, comprométete"?.
¿Quién va a poner al rotulista de cara a la pared?
Así nos va, si no saben ni leer ni escribir ¿qué les vamos pedir? ¿Qué hagan puentes y caminos?.”
miércoles, 18 de marzo de 2009
Onerosa tradición .
Sabemos que la tradición pesa mucho en el entorno de las cofradías y aunque a veces hay tradiciones con una antigüedad propia del pelotón de los bisoños, cuando se apela a lo tradicional parece que se está pidiendo el punto en boca.
Hay sin embargo tradiciones molestas y hasta gravosas que convendría desterrar cuanto antes. La de subir los precios cuando llegan las fiestas, por ejemplo. Esta práctica, lamentable para el bolsillo, pero rentable para los del gremio de bares, tabernas, cafeterías y otros lugares donde reclamar la cofrade penitencia de unos latigazos de Valdepeñas o similares, con esto de la crisis que ha de resultar temerosa para los citados, se ha anticipado esta vez descaradamente.
Usted, querido amigo navegante de la blogsfera, entra con descuidada confianza en uno de esos puntos donde se administra el castigo cualquier mañana de estas de calorcillo adelantado a tomarse una cerveza fresquita y se cree que pagará como mucho veinte duros, pero, no. Le cobran solo por la caña, el doble: un euro con veinte céntimos, o sea doscientas pesetas antiguas.
Pero no para ahí la cosa. Si le aprieta la gazuza y se atreve con la correspondiente tapa, sin recabar su conformidad se la servirán en un plato… la acompañarán de una cestilla con picos y un bollito de pan… y le cobrarán –agárrese que vienen curvas… y no son las de la camarera que, a lo peor, está contratada por horas, la pobre – dos euros con cincuenta, es decir cuatrocientas dieciséis pesetas.
Total, que usted pensó gastar cien o ciento diez pesetillas y paga al cambio antiguo seiscientas dieciséis. Con toda la cara. No la suya, que se le quedará de tonto, sino la del dueño del antro tabernario que además le tarifará el condumio como “tapa especial”. Usted a lo mejor se atreve a reclamar, aduciendo que eso no es lo que ha pedido… que esperaba otra cosa y que…
Al final se guardará el papelito llamado pomposamente ticket de caja para pasárselo por las gafas a ese amigo que tiene en esa oficina que no sirve para nada, pero que abre todos los días bajo un titulo rimbombante que habla del servicio al consumidor.
(El consumidor es el funcionario que la atiende que cobra todos los meses ese sueldo que usted contribuye a pagar con sus impuestos)
Quédese tranquilo. El IVA va incluido en el atraco.
Hay sin embargo tradiciones molestas y hasta gravosas que convendría desterrar cuanto antes. La de subir los precios cuando llegan las fiestas, por ejemplo. Esta práctica, lamentable para el bolsillo, pero rentable para los del gremio de bares, tabernas, cafeterías y otros lugares donde reclamar la cofrade penitencia de unos latigazos de Valdepeñas o similares, con esto de la crisis que ha de resultar temerosa para los citados, se ha anticipado esta vez descaradamente.
Usted, querido amigo navegante de la blogsfera, entra con descuidada confianza en uno de esos puntos donde se administra el castigo cualquier mañana de estas de calorcillo adelantado a tomarse una cerveza fresquita y se cree que pagará como mucho veinte duros, pero, no. Le cobran solo por la caña, el doble: un euro con veinte céntimos, o sea doscientas pesetas antiguas.
Pero no para ahí la cosa. Si le aprieta la gazuza y se atreve con la correspondiente tapa, sin recabar su conformidad se la servirán en un plato… la acompañarán de una cestilla con picos y un bollito de pan… y le cobrarán –agárrese que vienen curvas… y no son las de la camarera que, a lo peor, está contratada por horas, la pobre – dos euros con cincuenta, es decir cuatrocientas dieciséis pesetas.
Total, que usted pensó gastar cien o ciento diez pesetillas y paga al cambio antiguo seiscientas dieciséis. Con toda la cara. No la suya, que se le quedará de tonto, sino la del dueño del antro tabernario que además le tarifará el condumio como “tapa especial”. Usted a lo mejor se atreve a reclamar, aduciendo que eso no es lo que ha pedido… que esperaba otra cosa y que…
Al final se guardará el papelito llamado pomposamente ticket de caja para pasárselo por las gafas a ese amigo que tiene en esa oficina que no sirve para nada, pero que abre todos los días bajo un titulo rimbombante que habla del servicio al consumidor.
(El consumidor es el funcionario que la atiende que cobra todos los meses ese sueldo que usted contribuye a pagar con sus impuestos)
Quédese tranquilo. El IVA va incluido en el atraco.
lunes, 16 de marzo de 2009
Pregonero… y no por los pelos.
¡Compare,cómo juye la vía!... Dicen que exclamaba Lola Flores, la siempre recordada faraona, cuando deseaba ponderar la fugacidad de las horas.
Con incursiones en una primavera adelantada, la verdad es que el mes de marzo avanza imparable con vientos soportables en rachas inesperadas, que es lo suyo, y ya nos vemos en más de su mitad, lo que significa que el Pregón está al caer.
Unos días más y nos encontraremos en el Maestranza como antes en el Lope de Vega y más atrás aún en el Teatro San Fernando donde esta ceremonia singular y única, posteriormente copiada en otras ciudades y pueblos de Dios, tuvo su comienzo.
Ha cambiado mucho. Había entonces una especie de profesión muy alabada social y culturalmente que era la de charlista y la figura más representativa de ella era Federico García Sanchís, un novelista, ensayista y caudaloso orador valenciano que falleció en Madrid en 1964 a los sesenta y ocho años, a quien el Ayuntamiento encargó las tres primeras disertaciones que hubo en los años 1937,1939 y 1940 para exaltar las cofradías.
Don Federico parece que era un personaje singular. Adicto a las ideas que en aquellos años difíciles alentaban los que iban ganando la contienda, me cabe la duda de si vino para hablar de pasos y de nazarenos motivado más por la posibilidad de exponer su pensamiento ante el general Queipo de Llano, a quien se ve en una de las plateas de aquellas funciones, que para llevar a cabo el canto obligado a la manifestación semanasantera de los sevillanos.
Rafael Santistebán, el histórico locutor de Radio Sevilla, cuenta en sus memorias que lo encontró una noche de Martes Santo por los Jardines de Murillo contemplando admirado el tránsito procesional de la Cofradía de la Candelaria tratando de pasar inadvertido
Aunque el reputado orador se embozaba en una españolísima capa, Rafael que entonces ocupaba la primera plaza de spiker (la palabra locutor aun no se empleaba para describir ese fundamental quehacer de la radio) en la emisora decana lo reconoció por un detalle singular de su fisonomía: García Sanchís disponía de una bien poblada cabellera que le bajaba por la frente hasta unos dos o tres dedos por encima de las cejas.
Luis Carlos Peris,mi compañero de Diario de Sevilla, me contó que una joven periodista que lo estaba entrevistando arrostró la temeridad de preguntarle:
-- Don Federico ¿usa usted peluquín?
A lo que García Sanchís respondió sin inmutarse:
-- ¿Usted cree que si lo usara me lo iba a poner tan mal todos los días?
Es lógico que Santisteban lo reconociera a pesar de los ostensibles intentos del charlista valenciano de disimular su presencia entre la multitud .
Con incursiones en una primavera adelantada, la verdad es que el mes de marzo avanza imparable con vientos soportables en rachas inesperadas, que es lo suyo, y ya nos vemos en más de su mitad, lo que significa que el Pregón está al caer.
Unos días más y nos encontraremos en el Maestranza como antes en el Lope de Vega y más atrás aún en el Teatro San Fernando donde esta ceremonia singular y única, posteriormente copiada en otras ciudades y pueblos de Dios, tuvo su comienzo.
Ha cambiado mucho. Había entonces una especie de profesión muy alabada social y culturalmente que era la de charlista y la figura más representativa de ella era Federico García Sanchís, un novelista, ensayista y caudaloso orador valenciano que falleció en Madrid en 1964 a los sesenta y ocho años, a quien el Ayuntamiento encargó las tres primeras disertaciones que hubo en los años 1937,1939 y 1940 para exaltar las cofradías.
Don Federico parece que era un personaje singular. Adicto a las ideas que en aquellos años difíciles alentaban los que iban ganando la contienda, me cabe la duda de si vino para hablar de pasos y de nazarenos motivado más por la posibilidad de exponer su pensamiento ante el general Queipo de Llano, a quien se ve en una de las plateas de aquellas funciones, que para llevar a cabo el canto obligado a la manifestación semanasantera de los sevillanos.
Rafael Santistebán, el histórico locutor de Radio Sevilla, cuenta en sus memorias que lo encontró una noche de Martes Santo por los Jardines de Murillo contemplando admirado el tránsito procesional de la Cofradía de la Candelaria tratando de pasar inadvertido
Aunque el reputado orador se embozaba en una españolísima capa, Rafael que entonces ocupaba la primera plaza de spiker (la palabra locutor aun no se empleaba para describir ese fundamental quehacer de la radio) en la emisora decana lo reconoció por un detalle singular de su fisonomía: García Sanchís disponía de una bien poblada cabellera que le bajaba por la frente hasta unos dos o tres dedos por encima de las cejas.
Luis Carlos Peris,mi compañero de Diario de Sevilla, me contó que una joven periodista que lo estaba entrevistando arrostró la temeridad de preguntarle:
-- Don Federico ¿usa usted peluquín?
A lo que García Sanchís respondió sin inmutarse:
-- ¿Usted cree que si lo usara me lo iba a poner tan mal todos los días?
Es lógico que Santisteban lo reconociera a pesar de los ostensibles intentos del charlista valenciano de disimular su presencia entre la multitud .
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