lunes, 23 de mayo de 2016

EL TIEMPO DE LAS MODELOS


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Contábamos chistes antiguos como los de las series que renovaban todos los años los payasos de los circos que venían a la Feria o los cómicos de las revistas que se interpretaban en el teatro San Fernando.

Entre ellos los del “qué le dijo” o los del “tan, tan”

¿Qué le dijo el mostrador a la cerveza?... Qué culo más frío tienes rubia.

Eran tan delgado tan delgado que se acostaba en un alambre y se tapaba con una guita.

Como la presentadora del tiempo en la tele, dijo mi nieto Manolete al que no se le va una.

Yo me acuerdo siempre de Mariano Medina, sabio y bonachón. Y no aguanto a la estilizada señorita de la Uno de Televisión Española empeñada siempre en meter cien palabras en el tiempo en el que solo caben veinticinco.

Con la excepción del nervioso Roberto Brasero, para anunciar la previsión del tiempo los rectores de las televisiones suelen preferir modelos femeninos a científicos adustos.

Consiguen así que los espectadores se fijen en las curvas de los cuerpos seductores en vez de en las oscilaciones de las isobaras.

A Mariano Medina en aquella televisión incipiente del madrileño Paseo de la Habana le bajaron un día los pantalones unos técnicos revoltosos y bromistas para impedirle abandonar el impedimento visual de la mesa que lo protegía.


Hoy no se gastan estas bromas. Sin duda la televisión ha perdido mucho.

lunes, 16 de mayo de 2016

DOS OLVIDADOS CURAS ROCIEROS


Mi mujer y yo nos acordamos mucho de don Fernando, el canónigo de la Catedral de Jaén, director espiritual de la Hermandad rociera del Santo Reino, al que el sol hacía un daño terrible en su piel, pero que no le importaba exponerla a sus rigores si caminaba al lado de romeros que mientras avanzaban por las arenas se confesaban con él.

Yo personalmente evoco al jesuita padre Quevedo cada vez que oigo esas sevillanas que le cantan al astro rey “tiempo detente”.

Los dos se hallarán al lado de  esa Reina de las Marismas cuyo consuelo evocaron tanto. Como estarán también dos clérigos cuya obra poética y musical conforman el sonido más intensamente rociero de nuestros días, Restituto del Valle y Eduardo Torres.

Fruto de su inspiración y su trabajo fue este tema de la polifonía religiosa dado a la luz inicialmente para órgano y masa coral y titulado en su origen “Salve, Madre, en la tierra de mis amores” cuya letra completa es la que sigue:            

Salve, Madre,
en la tierra de mis amores
te saludan los cantos
que alza el amor.
Reina de nuestras almas,
flor de las flores,
muestra aquí
de tu gloria los resplandores,
que en el cielo tan sólo
te aman mejor.

Virgen Santa, Virgen pura,
vida, esperanza y dulzura
del alma que en ti confía,
Madre de Dios, Madre mía,
mientras mi vida alentare,
todo mi amor para ti,
mas si mi amor te olvidare,
Madre mía, Madre mía,
aunque mi amor te olvidare
tú no te olvides de mí.

El autor de este hermoso poema, Restituto del Valle Ruiz, fue un Ilustre agustino, gran poeta y formidable crítico.

Nació el 10 de junio de 1865 en Carrión, donde cursó el Bachillerato. Estudió Filosofía y Letras en Zaragoza y Madrid y la carrera eclesiástica en Valladolid y  El Escorial.
Compuso la letra de numerosos himnos y cantos religiosos, como el «Himno a San Agustín» o el «Himno a la Virgen de Covadonga».

El compositor Eduardo Torres Pérez era valenciano, de Albaida, donde había nacido en 1872.
Fue  maestro de capilla, organista, compositor, crítico musical y director de coro.
Alumno de Salvador Giner y de Joan Baptista Guzmán en su etapa de infante de coro de la Catedral de Valencia.

Tras haber coronado con éxito sus estudios religiosos, accedió  a las plazas de maestro de capilla de las catedrales de Tortosa en 1895, y de Sevilla en 1910, iniciando así su etapa más prolífica.

Desempeñó la crítica musical de la edición sevillana del diario ABC desde 1929, y ejerció además el magisterio de música en el Hospital Provincial, en la Sociedad Económica de Amigos del País y en el Conservatorio.
Fue sucedido por Norberto Almandoz Mendizabal

Todos los años en el tramo final de los cultos solemnes al Cristo del Calvario, se cantan cada noche las famosas coplas al Cristo. La partitura es obra suya.
Y los devotos al Santísimo el día del Corpus o siempre que acompañan con cánticos una procesión eucarística, entonan “Cantemos al amor de los amores”, «Himno de los Adoradores» que fue el  oficial del XXIII Congreso Eucarístico Internacional. La letra es de Restituto del Valle.
Ante el Monumento a la Inmaculada en el vértice de las noches del siete y el ocho de Diciembre, la Sevilla tradicional que defendió el Dogma, se anticipa a que le rindan tributo las Tunas Universitarias, cantando el “Salve Madre”.

Y cada vez que los rocieros miran a la Blanca Paloma que les espera en las marismas almonteñas, entonan esta invocación también.


Es lo que más se canta en el Rocío. Sin duda ninguna. Y sus autores dos curas que podemos calificar de rocieros aunque, probablemente, ellos nunca lo llegaron a saber.

miércoles, 11 de mayo de 2016

LA CINTA VIEJA



Había una cinta vieja
que fué cinta de sombrero
con mucho sudor y polvo
donde antaño fué atadero.
Estaba hundida en el arca
como espiga en el granero
como pieza reservada
como joya en su joyero
que no era cordel sencillo
de las sienes carcelero,
ni leyenda circundante,
de la copa, en el alero,
ni tejido que sirviera
de atributo ganadero.
Sino que era cinta antigua,
esa cinta de sombrero.
De los tiempos que atesora
solo el viejo rociero,
cuando no se hacían medallas
 y el recuerdo duradero,
de la Virgen del Rocío,
se llevaba prisionero,
en el breve lazo abierto
de un adorno de romero.
Guardaba mi abuela esto,
en hatillo postinero,
encerrado entre nostalgias
en su recio arcón de cuero.
raso y seda de colores
con primores de hilandero
En su tersa faz mostraba
un retrato y un letrero :
El retrato, el de la Virgen,
como estaba en lo primero.
Y las letras, la leyenda
de la voz y el cancionero:
¡La Virgen del Rocío -
ay que la quiero -
se mide con la cinta
de mi sombrero !  


lunes, 9 de mayo de 2016

SIMPECADOS ROCIEROS: ENTRE EL VIEJO ANTIGUO Y EL VIEJO NUEVO


Os juro que no estaba bebiendo mosto que ya no es tal sino vino del año o vino de la hoja en la Bodega del Bolero, que, dicho sea de paso, es primo mío y con el que he hecho muchos caminos del Rocío, pero debo reconocer y reconozco que el texto anterior que colgué en este blog se mejora con un aconsejable retoque.

El Simpecado que cumple doscientos cincuenta años no es el viejo antiguo , sino el viejo nuevo que sustituyó al anterior. El viejo antiquísimo que fue restaurado por el IAPH es el que reposaba en el expositor que se hallaba sobre el suelo del interior del templo parroquial, a la derecha, apenas se trasponía la puerta y que actualmente se puede visitar en la Casa-Museo, sita en el número 25 de la manriqueña calle  Santiago.

Y el viejo nuevo, que es el que celebra el aniversario y cuya reproducción pictórica aparece en el folleto de la Romería de este año, obra afortunadísima del pintor Francisco José García Rodríguez es el que realiza la peregrinación hasta la aldea del Rocío, sin faltar ni una sola vez desde el comienzo de su historia, por lo que es el Simpecado de mayor veteranía de todos los que peregrinan actualmente, aunque no el más antiguo del Patrimonio de la Hermandad.

Este es el “Simpecado viejo” que se encuadra  cronológicamente en la primera mitad del siglo XVIII por la inscripción que aparece en la parte inferior de la pintura, en una especie de cartela de corte y estilo muy barrocos, con enmarque de motivos decorativos de rocallas, propias de los inicios de la citada centuria.

En un principio se creyó  que esta cartela podía ser un repinte sobre la pintura original, pero por medio de luz ultravioleta se confirmó su autenticidad. La inscripción en letras mayúsculas y abreviadas dice: “se hizo este retrato de Ntra. Sra. del Rocío y se bordó el Simpecado, siendo Hno. Mayor Juan Ponze a devoción suya y de varios devotos”.

En 1969 Manuel Carrasco Díaz fechó esta obra entre 1725 y 1735, como fruto de la consulta de los libros del archivo parroquial donde relaciona a Doña Dolores Arenas Ponze como descendiente en línea directa con Juan Ponze diciéndonos que sería Hno. Mayor de esta fervorosa  Hdad. en estos años.

Además existe una coplilla de corte popular que se cantaba en Villamanrique, donde en su estribillo se habla de un “Simpecado nuevo” y también hace alusión al susodicho Juan Ponze:

“Dice Juanchito Ponze con parsimonia
que el Simpecado nuevo lo lleve Antonia”.

Lo que demuestra que al autor de la letra no le importaban los ripios y que antes existía ya otro Simpecado más antiguo o primitivo.

El “Simpecado viejo” se sustituye a partir de 1766 cuando Don Bernardo María del Rocío Lasso de la Vega, perteneciente al Santo Oficio y alcalde, es decir Hermano Mayor, de la Hdad. de Villamanrique, dona este nuevo Simpecado de plata repujada y artísticamente labrada que es el que actualmente recibe culto en la parroquia, sigue peregrinando a la aldea del Rocío y conmemora este aniversario.


Creo que ahora he conseguido aclararme y poner las cosas en su sitio. Y es que, cuando uno pertenece a una Hermandad tan antigua y tan cabal como ésta es fácil perderse en los vericuetos de la historia. ¿Quieres un Simpecado viejo del Rocío?... Pues ahí lo llevas. Y, en vez de uno,  dos.

domingo, 8 de mayo de 2016

ROCÍO: EL SIMPECADO MAS ANTIGUO

¿Cuántos años van desde el 1766 al 2016?... Hagamos la resta y, si no queremos torturarnos garrapateando números, vayamos al chino de la esquina que vende unos maravillosos electronics calculators por menos de cinco euros. O sea que, cuando se le terminan las pilas, más vale tirarlos y comprar unos nuevos en vez de proceder al recambio.

Con el boli que nos ha prestado la nieta haciendo un alto en sus deberes o con la calculadora que hemos adquirido al oriental el resultado es 250 o, escrito con numeración romana, CCL.

Estas son las letras mayúsculas que aparecen en la cabecera del programa de actos que me mandó ya hace algunos días mi hermandad rociera de Villamanrique porque hace ese montonazo de años, doscientos cincuenta, de la hechura del Simpecado histórico. Un aniversario importante, debidamente acreditado, que sitúa a esta valiosísima pieza religiosa como la más antigua de las que peregrinan, o peregrinaron, al santuario que cobija a la Reina de las Marismas.

Sin duda es la joya más preciada de la Hermandad. Realizado en terciopelo de color rojo cardenal, el color litúrgico de Pentecostés, y bordado con hilos de plata con un dibujo muy plano, que consiste en una bella guirnalda entrecruzada, bordeando todo el paño y el óvalo de la Virgen. En la parte superior lleva bordados con el mismo material el sol y la luna, y,  en la inferior, los anagramas de AVE MARIA, rodeados por guirnaldas de flores .El centro lo ocupa una extraordinaria pintura, la más antigua que se conoce de la imagen, y ésta aparece vestida de reina, según la moda de la corte española del siglo XVI.

Ciertos comentaristas radiofónicos que empezaron a describir las peculiaridades de la que ha sido llamada la más importante romería de occidente decían que la Virgen se mostraba como solía hacerlo Germana de Foix hasta que algún docto en la materia les recordó que la tal Germana había sido la amante del emperador Carlos primero de España y quinto de Alemania con lo que la referencia no pareció muy apropiada para describir con respeto el atuendo rociero de la Madre de Dios y dejó de emplearse.

El Simpecado que puede contemplarse en la iglesia parroquial manriqueña, cuidadosamente conservado en un expositor protegido por cristal adecuado, fue acompañado en su día por una memoria explicativa de los trabajos que realizó sobre él el equipo de especialistas del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.

Se abre con un prólogo que no tiene desperdicio. Está sustentado en datos extraídos de los archivos parroquiales de aquellos años del que fue llamado “siglo de las luces”, cuando reinaba Carlos III, y nos dice que ya entonces, al bautizar a un varón solía inscribirse su nombre seguido de la mención “del Rocío”.


El símbolo religioso se convierte así en una confirmación de la antigüedad de la devoción de los naturales del pueblo a la imagen de la Blanca Paloma. Y, como mis abuelos maternos, José y Juana María, eran de allí, al llegar a esta conclusión  no puedo evitar que me sacuda un justificable temblor.

viernes, 6 de mayo de 2016

ENCENDIDO,NO


Sigue la racha de los indultos taurinos. Y yo que me alegro un montón. Ahora le ha tocado a “Tonteras” de la ganadería de Zalduendo y el bravísimo y noble ejemplar fue lidiado en la plaza de Jerez por Alberto López Simón.
En mi libro de versos taurinos “Balconcillo de sol” incluí un romance titulado “Elegía a la muerte de un toro” que perdió la vida porque se anticipó al tiempo que le correspondía. Hoy hubiera sido indultado también.
Repito el poema para que quienes me hacen la atención de leerme y son aficionados comprendan el porqué.

“Elegía a la muerte de un toro”
 “Encendido” te llamaste,
negro toro, negro, negro,
ni mulato, ni bragao,
negro toro de Zalduendo,
procedente de los llanos
con encinas recubiertos
donde sangre de Jandilla
escondida está en tu hierro
y repite en las camadas
un hervor de toros fieros.
Tu destino fue la plaza
más cabal del Universo:
veterana como pocas,
maestrante y de respeto,
donde, recias las hazañas,
ya estuvieron tus abuelos
del encaste Tamarón,
del Marqués y los de aquellos
que, poniendo mimbres duros,
tu bravura consiguieron.
Te llamaron rojas flores,
tras los rojos burladeros,
y rojiza fue tu sangre
de respuesta con denuedo
cuando el lomo dos lanzazos
te lo hacían coladero.
Luego fuiste mástil móvil
de banderas contra el viento
y, por fin, un niño rubio
con un trapo fue a tu encuentro;
mas detúvose, impasible,
en la boca de los riegos
y, allí mismo, planta erguida,
te citó desde lo lejos.
Fuiste raudo, cual centella,
tras aquel rojo pañuelo
que seguiste sin que nunca
lo rozaras con tus cuernos
y, al final, viste en la mano
de ese niño, tu torero,
un metal con muchos soles
acerados en destellos.

Se llamó muerte el estoque

que, goloso, entró en tu cuerpo
y supiste que morías
y allí justo te habrías muerto;
pero sentiste tu raza
desde el hondón de los tiempos
y te dijiste que no,
rey de los campos abiertos
y mariscal de manadas
de los toritos más negros:
Tú no podías echarte
junto a los tristes tableros.
Tú no podías rendirte
aun con la muerte en tu cuerpo.
Tú deberías seguir
hasta el final embistiendo
y así lo hiciste, valiente,
con dignidad, como el reo
que, en el cadalso infamante,
mira a la gente sin miedo,
y caminaste, solemne,
hasta llegar hasta el centro
de esa moneda brillante,
a la que llaman el ruedo,
y, allí, monarca sublime,
abandonaste tu cetro
y te dejaste caer
cuando quisiste, maestro
de las gallardas proezas
de tus más bravos ancestros.
Muerte de bravo tuviste.
Muerte con casta. ¡Qué bello
es el morir de un buen toro!
Todas las gentes lo vieron:
Era “Encendido” su nombre

Y su camada, Zalduendo.

jueves, 5 de mayo de 2016

QUINCE AÑOS DESPUES


Quince años. Como los que tenía el amor de Manolo de la Calva y Ramón Arcusa, aquellos espigados mocitos  que se titulaban, artísticamente y en pareja, “El dúo dinámico”. Quince años han transcurrido desde que mi hijo Antonio hiciera temporada en Barcelona, en el Teatro Condal, con “Bajarse al moro”.

Ahora ha vuelto con “Nuestras mujeres” el aplaudido texto escrito por Eric Assous que interpreta junto a Gabino Diego y Antonio Hortelano y que tuvimos ocasión de aplaudir en nuestro Lope de Vega a principios de marzo.

Me lo recordaba cuando le llamé con el móvil para felicitarle por el último capítulo de “El Caso”, serie instalada sin alteraciones en la lista de éxitos de producciones televisivas.

En quince años han volado  las hojas de muchos capítulos distintos de la historia reciente. En aquellos días todavía al coliseo catalán se le podía llamar Teatro. Hoy es Teatre. Y si se pronuncia la palabra con acento del Ampurdan, mucho mejor.

El recordado Emilio Segura solía referirse a un actor barcelonés que, a primeros de noviembre, que era la fecha acostumbrada, interpretaba en el desaparecido Teatro San Fernando el don Juan Tenorio y cuando estaba recitando aquello de “llamé al Cielo y no me oyó – y pues sus puertas me cierra – de mis pasos en la tierra – responda el Cielo; no yo” salió una voz del gallinero que decía:

--Oírte, sí te escuchó: Lo que ocurrió es que no se enteró de nada de lo que estabas diciendo. Habla claro, mi arma.

Quince años atrás nos traslada al 2001. Precisamente es opinión común en los estudiosos de la materia que en ese año se sentaron las bases de lo que ha sido la televisión del resto de la primera década del siglo XXI en España.

Se puso fin a la mili obligatoria y supimos lo que era una odisea en el espacio.


No sé si Antonio ha recordado algo de esto cuando volvió a pisar las tablas de aquel escenario. Retornar y hacerlo para estar en cartel de temporada fuerza a pensar en muchas otras cosas.