miércoles, 15 de febrero de 2017

MASCOTAS Y VIOLENCIA DE GENERO

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Ha hecho muy bien el Congreso al votar en pleno para que las mascotas no se consideren cosas.

Entendiendo por mascotas no las prendas de fieltro utilizadas para cubrir las cabezas sino los animales domésticos convertidos en obedientes ejemplares de compañía.

Hasta ahora eran bienes embargables. O sea que si la suma de descubiertos en el banco alcanzaba la cantidad de euros que la entidad crediticia estimaba superior a la que cubría las posibilidades materiales del deudor, las autoridades judiciales podían cobrarse llevándose manu militari todo lo que le parecía suficiente, encubriendo el abordaje con el maquillado término de “bienes embargables” para que el banquero de turno que harto tiene el pobrecito con eso de la devolución de las cláusulas suelo, pudiera dormir tranquilo.

Entre ellos podían estar el perro, el gato o el canario, cualquiera de esos seres infelices destinados a servir de fieles compañeros en la vivienda y fuera de ella. Ya no. El Congreso ha dicho que nanay y ha aprobado una propuesta en este sentido.

Yo creo que el posible manejo material de estos seres vivos se ha trasladado a las chicas jóvenes. Cada vez nos angustia más el crecimiento de los crímenes de violencia de género que salpican de indignidad las noticias y reportajes de los medios de comunicación. Es una lacra de nuestros días a la que se buscan soluciones y medios que hasta ahora han resultado incapaces para su corrección.

¿Por qué no buscamos la raíz en la cosificación de la mujer por parte del varón?

Llegó un muchacho joven a la peluquería en la que me quitaban las lanas blancas que coronaban de nieve mi cabeza y, en el curso de la breve conversación de circunstancia que entabló con el peluquero después de que éste le diese la hora de la cita, dijo que había pasado el fin de semana en Sierra Nevada.

--¿Solo? – le preguntó.

-- No  -- repuso. Me fui con una chavalita.

Pudo haber dicho que se llevó a  su perrita de compañía que le gusta mucho corretear por la nieve. Pero, no. Se fue con una chavalita.


Hoy, leyendo la información del Congreso, me he puesto a pensar en una nueva votación para que las chavalitas no sean consideradas mascotas.