lunes, 3 de agosto de 2009

Tipos y costumbres.

¿Personajes populares de la Sevilla de ayer?.... Puf… ¡Un montón!
“No coge ventaja, mí arma”, mi comunicante periódico, me invita a recordarlos.Más quisiera recoger sus breves biografías, para perdurable memoria, aunque sea con la sencillez de este Blog.

Y me voy a atrever con la convicción de partida de que ni estarán todos los que fueron, ni que fueron, al menos auténticamente populares, aquellos cuya existencia, salvo esporádicas ocasiones no se extendió más allá de su barrio de nacimiento.

“Leopoldo el Legionario” no salió de la collación de San Vicente. “Sarasate” y el “Hombre del Acordeón” recorrieron las terrazas de aquella ciudad tranquila y calurosa de las noches del estío. “Laureano” merodeaba por El Hogar de San Fernando. “Antoñito procesiones”, acompañando a las bandas que abrían marcha a los cortejos de gloria y penitenciales.”El Loqui de Triana” recordando las bromas crueles de los señoritos borrachos. “El Hombre que vendía pollitos, vivos y muertos” se dejaba ver en el entorno del mercado de la Encarnación. “Vicente el del Canasto” por las calles céntricas sorteando coches…

Van ocho. Y quedan más: La de “Que te brillan la espuelas”… y los más actuales como “Garbancito”, “La Pantojita” o “El papa Clemente”.

Poco puedo contar de la primera que aparece como una sombra brumosa en mis recuerdos de infancia camino del colegio.Pedía unas monedas entonando siempre la misma letra como sustento de una canción: “De qué Regimiento eres…que te brillan las espuelas…” El muchacho debía ser de caballería antes de la sustitución de los equinos por manejables y veloces carros blindados;pero esta mujer no terminaba de enterarse.

“Garbancito” vendía lotería por los restaurantes de los Remedios en los albores de la restaurada Democracia a los emergentes empresarios del ladrillo y los electrodomésticos que los frecuentaban a mediodía.

Era un hombre bajito, un enano, como aquellos don Diego de Acedo o don Sebastián de Morra,personajes de leyenda, amantes de la bella Manuelay, que pintara Velázquez en la corte de Felipe IV.

En los días en que Jorge Verstrynge todavía no se había peleado con Fraga y recorría España como apóstol de Alianza Popular, le pegó un susto de muerte cuando presidía un comité reservado del partido e irrumpió en el comedor donde tenía lugar la reunión entre gritos y ruidos pregonando a voces los números de la suerte. El político y sus afectos recién aterrizados desde Madrid e ignorantes de las bromas sevillanas temieron que se tratase de un terrorista.

“La Pantojita” intentaba sacar desgarradas notas de una guitarra desafinada que siempre portaba consigo y cantaba lo que le pedían en esos coletazos de bromas amargas nacidas en las reuniones con los efluvios del alcohol.

Y “El Papa Clemente” que estaba con las cuencas de sus ojos vacías a consecuencia de un accidente de automóvil, sufrido en mayo de 1975 en la autopista Bilbao-Behovia, para mí siempre fue el testimonio vivo de un castigo bíblico que ni él ni sus seguidores supieron entender.
El dijo que veía a la Virgen y la carretera le dejó ciego.

Clemente Domínguez fue ordenado obispo el 11 de enero de 1976, mediante unos ritos al margen de la liturgia católica, por el arzobispo vietnamita Pedro Martin Ngo-Din Thuc, el mismo que le había hecho sacerdote el 31 de diciembre de 1971.

A la muerte de Pablo Sexto se proclamó nuevo Papa,con el nombre de Gregorio XVII y empezó a editar una serie de "Documentos Papales", por los que canonizó a Franco, José Antonio Primo de Rivera, Don Pelayo y Cristóbal Colón, entre otros. Y excomulgó, además de a otras personalidades, a la Familia Real española.
Aparte de estas excentricidades, se le podía ver en espectáculos como corridas de toros o la Feria de Sevilla, en las que se mostraba rodeado de su corte de sotanas y en las que era objeto de las mofas y risas que en Sevilla acompañaron su existencia desde los principios del Palmar de Troya.

He comenzado por dónde debí terminar. Mañana o pasado volveré al principio.”Da capo”, como dicen los músicos italianos.

2 comentarios:

Lacava dijo...

Servidor recuerda un personaje que se situaba en la puerta de ciertos comercios de aquella Sevilla de mi infancia, y que se dedicaba a publicitar con su retahíla entonada siempre con la misma musiquilla las cualidades de los productos que allí se vendían, y todo a cambio de un poco del mismo. Fue el verdadero creador del marketing a lo sevillano. Por la mañana siempre estaba cerca de alguna calentaría: “que buenos calentitos tiene, que buenos calentitos tiene…” Al mediodía, algún bar: “que buenas tapas tiene, que buenas tapas tiene…” Y así se pasaba las jornadas. Lo recuerdo, como si lo estuviese viendo, con su gabardina en la puerta de Casa Marciano: “que buenos jamones tiene, que buenos jamones tiene…” Ahí el pago en especies me imagino que sería más difícil.
Estoy seguro que usted lo recordará perfectamente, y que nos aportará más datos sobre el personaje que un servidor.

Reciba un cordial saludo.

José Luis Garrido Bustamante dijo...

Yo también lo recuerdo. Creo que se trataba del mismo vendedor callejero que,unos años antes, vendía el "gulflai parisien" al que ya me referí.
Gracias por la atencion.