lunes, 27 de abril de 2009

Lista de bajas

No se si a ustedes les sucederá algo parecido.Pero me temo que sí, sobre todo si peinan canas. Se llega a la caseta el primer día, que cada vez se anticipa más con esa excusa que carga sobre el Ave y los visitantes madrileños la invasión foránea del ferial, y, apenas se desparrama la vista y se atiende a la belleza estética de la decoración, cuando se abren esos vacíos fotográficos que corresponden a las ausencias.

Un cuadro antiguo puede sustituirse por otro. Una flor marchita puede disponer siempre del recambio rozagante de una flor nueva. Un socio que se marchó deja el aire gravitando sobre su silla vacía sin ocupar el hueco en la foto que él ya no podrá rellenar jamás.

Las casetas familiares que hace tiempo distan mucho de ser la segunda vivienda en el real de una familia unitaria, han venido a constituirse en casinos de reducido número de socios. Quince… veinte a lo sumo. Y, como el tiempo no se detiene, cada nueva convocatoria ferial produce la inevitable lectura de ese parte de bajas que no quiere leer nadie, pero que se estira sin arrugarse ante nuestra vista cuando esta no tropieza con el perfil del familiar o el amigo.

Ahora, además, a esta relación ha venido a sumarse otra: la de los matrimonios que se han separado. Y aun una tercera, la de las inéditas uniones que,ellos y ellas, han venido a formar después, que dan de sí todo tipo de cuchicheos y exclusivas dignas de revistas del corazón para las primeras jornadas feriales.

En la caseta que tiene cada uno, esa cuyos costes de instalación pagamos durante el año en persistentes recuerdos del presidente, y en la que luego cuando necesitamos una mesa libre no encontramos sitio porque suelen estar ocupadas por amigos de otros socios a los que no hemos visto en la vida, a medida que se van acumulando años se bebe más que nunca para olvidar.

Para olvidar a los socios que se fueron para no volver, para olvidar las letras que siguen venciendo como siempre, para olvidarnos de la crisis…. Hasta para olvidarnos de nosotros mismos.

Y nuestras parientas nos dejan hacer. No porque estemos en feria. Sino porque deben aprovechar el tiempo en ponerse al día en esos “Hola”, “Lecturas”, “Que me dices” y otros más que lanzan incontables ediciones debajo de cada lona.

Y, además, contarse unas a otras lo bien que se viene en el Metro con lo lejos que le coge a uno la boca más cercana.

1 comentario:

Jackeline dijo...

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