jueves, 10 de septiembre de 2009

En memoria de Rafael Ortega

“No lo levanta ni “El Penicilina”…

“El Penicilina” era un puntillero que había en Barcelona tan torpe que levantaba todos los toros.

Lo decía Ruiz Miguel en el curso de los comentarios a la corrida que retransmitió Canal Sur desde Antequera a fines del pasado Agosto.

El torero, hoy retirado, convertido en asesor de Enrique Romero en sus comentarios y descripción de cada corrida, suele destacar por su naturalidad y popular gracejo.Pero yo, y supongo que conmigo los aficionados antiguos, atiendo a sus palabras sin poder marginar los recuerdos que me traen de su trayectoria en las plazas de toros.

Suele repetirse habitualmente que el último rabo que se cortó en la Maestranza se lo llevó él, pero se rememora menos que Ruiz Miguel creció y se depuró en la profesión como alumno preferido de Rafael Ortega y que, de la pureza de su toreo, él fue uno, diría que el principal, heredero.

Rafael Ortega fue un torero singular e irrepetible. Breve se trazó su vuelo por el universo táurico, pero tan densa resultó su estela que aun perdura, a pesar de que el maestro nos dejara en su natal Isla de San Fernando en la que había venido al mundo en 1921, el 18 de diciembre de 1997 como consecuencia de una cruel enfermedad hepática, tal vez originada por alguna de las muchas transfusiones de sangre que hubo de recibir a lo largo de su vida activa como consecuencia de las gravísimas cornadas con las que ésta se jalonara.

Se dio a conocer tarde en el toreo.Cuando tomó la alternativa con veintiocho años cumplidos era un hombre que había perdido ocho o diez temporadas porque este tiempo en vez de aprovecharlo para cuajarse en el oficio hubo de invertirlo forzosamente en cumplir en Ceuta ese larguísimo Servicio Militar de tres años y medio impuesto para su generación tras la Guerra Civil.

Pero cuando lo vieron en las plazas… “tardío, de cuerpo espeso, cuello escaso y mal conformado” como le describiera César Jalón, “Clarito”, los críticos más severos se volcaron en alabanzas hacia la pureza de su toreo y, sobre todo, su forma de matar.

De ella Rafael Sánchez Ferlosio escribió parodiando al Guerra que “… con la espada,en efecto, en estos treinta últimos años, el primero Rafael Ortega, después de Ortega, “naide” y, después de “naide”,docenas de buenos estoqueadores que ha habido desde entonces”.

Rafael, el rubio torero de la Isla, alto y fornido, que más parecía un marinero alemán que un torero del rincón gaditano, “en una época tan enmarañada, como fue la de los años cincuenta, según la describió Angel Fernando Mayo, de “Los de José y Juan”, y con unas condiciones de partida no especialmente propicias, gracias a sus prodigiosas estocadas consiguió mantenerse diez temporadas en los ruedos, retirarse y volver después, con el aplauso de los verdaderos aficionados y el aprecio y la admiración de sus compañeros, pues estos eran los que mejor podían juzgar la pureza y verdad de su toreo.”

Hoy, cuando Ruiz Miguel describe cómo debe matarse un toro y dice que la mano izquierda es la que hace la suerte porque es la que manda en la embestida, mientras la derecha, que, al perfilarse el torero, tiene que estar apoyada en la tetilla izquierda, y es la que tiene que hacer el cruce llevando la espada, con la vista fija en el morrillo… recuerda con sus palabras una de las lecciones del viejo maestro de la Isla del León como él las impartía en la Escuela Taurina de Cádiz, de la que fue director y en la que tantas ilusiones depositara.

Recuerdo imborrable de un torero de verdad.

3 comentarios:

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

A mi me hace gracia Ruiz Miguel comentando las corridas y junto con Enrique Romero creo que están haciendo un buen trabajo en favor de la Fiesta.
También el otro día me pareció todo un tio, Ruiz Miguel, en la corrida de Villaluenga del Rosario con Ertega Cano y Espartaco. Ya debe ser un torero valiente para vestirse de luces con sesenta y un años, más para ponerse donde se puso y como toreó.
Un saludo.

Pepe Luis dijo...

Con el Maestro Ruiz Miguel disfruté de una de las mejores jornadas de toros que recuerdo, a diferencia de ahora apenás hizo comentarios, pero los que hizo fueron llenos de torería y profesionalidad. Compartimos un café y nos contó de Rafael Ortega, desde entonces el torero de la Isla ha sido un referente a la hora de interesarnos por como ver una corrida de toros.
Le recomiendo un librito obra de Rafael ortega llamado el Toreo puro quees una autentica delicia.

José Luis Garrido Bustamante dijo...

Lo de Villaluenga (Villalengua,dice el torero comentarista)me pareció cariñoso,aunque edulcorado (pasadito de azúcar y tarta de cumpleaños).Paco estuvo bien superada su frontera de los sesenta, anque siempre habrá que recordar que a Curro cuando se fue en La Algaba el 22 de octubre del 2000,le faltaban tres para los setenta.
El librito de Rafael Ortega,afortunadamente,lo tengo y cuido como una joya inapreciable.
Saludos a los dos.