martes, 30 de junio de 2009

José Tomás en La Maestranza.

Cuenta Francisco Narbona en “Manolete, cincuenta años de alternativa” que, en 1945, el año definitivo del monstruo cordobés, cortó la primera oreja en Valencia y en Sevilla estaba anunciado en cuatro carteles entre los que figuraba el encierro de Miura que, en los corrales de la Venta de Antequera, había causado excelente impresión.

Cortó oreja todas las tardes y, en las dos primeras, en competencia con Carlos Arruza. Otro matador mejicano que le ve desde el tendido es Silverio Pérez que, después de la última corrida de feria sale con las manos en la cabeza y pregunta a sus amigos sevillanos: “Y éste…¿siempre hace lo mismo?”… Y, cuando le responden que sí, el mexicano sentencia: “Pues, entonces, lo mejor es hacer la valija y volvernos a casa”.

Ese año, pleno de carestías y dificultades de posguerra, hubo quien hasta llegó a empeñar enseres domésticos con tal de disponer de algún dinero para comprar una entrada y ver a Manolete.

Con matices, la historia parece que quiere repetirse.El domingo torea José Tomás en Barcelona. Una gesta.Porque se enfrenta él solo a seis toros. Una encerrona para decirlo con palabras taurinas. Estamos en crisis. Aumentan las cifras del desempleo hasta límites mareantes, pero ya prácticamente no quedan entradas y el responsable de una página web dedicada a la intermediación, declaraba a Juan Ramón Romero en el programa “Carrusel taurino” que las que valen setenta euros en taquilla se están cotizando ya a más de tres mil. Una auténtica locura.

Se aprecia con claridad que los públicos no acuden a los cosos taurinos cuando los protagonistas de la fiesta no despiertan el interés y la pasión que siempre estuvieron entre sus tradicionales ingredientes.

No está el toreo en peligro de extinción. Ni pueden los repetidos y pesadísimos críticos de la fiesta conseguir eco alguno por pírrico que sea en sus ridículas campañas.

Con la adaptación a las circunstancias del momento, los hechos se repiten. Yo, por ejemplo, no he podido olvidar todavía las últimas tardes, cuatro fueron, en las que, como aquel año Manolete, cortó orejas José Tomás en el coso del Baratillo. En la que cerró el ciclo ante una muy seria corrida de Miura que había admirado la afición en los corrales de la Venta de Antequera, como la postrera a la que se enfrentó el solito Juan Antonio Ruiz Espartaco.

Mi compañero Chano, gran médico y dilecto amigo, dice que los de mi edad integramos un grupo de riesgo y que tenga cuidado con el sol que me reblandece la sesera.

No le hago mucho caso. Hasta ahora me encuentro bien… ¿o, no?

4 comentarios:

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Está usted fenómeno maestro, al menos así lo parece y demuestra.
Saludos.

José Luis Garrido Bustamante dijo...

¡óle! ¡qué bueno es hacer el paseillo ante partidarios tan inteligentes!

Sibelius dijo...

A mi me parece que se encuentra Vd estupendamente, tanto cuando le veo por nuestros cultos en la Magdalena como por estos artículos magníficos a los que nos tiene acostumbrados y especialmente cuando son taurinos.
Y a propósito de la figura de Manolete, recuerdo haber leído el comentario sobre como los aficionados se quedaban absortos mientras le veían fumar en el callejón esperando turno ajenos muchas veces a lo que ocurría en la arena, tal era la expectación que provocaba, que hasta estos detalles nimios cobraban en él relevancia inusitada y porqué no decirlo casi místico. Algo muy parecido a lo que despierta hoy día José Tomás o Morante de la Puebla.
Maestro, perdóneme por la extensión del comentario.

José Luis Garrido Bustamante dijo...

¡Nada de perdón! ¡Me ha sabido a poco!Y es verdad. Lástima que esas fenomenales transmisiones de la televisión actual, cuando está manejada y atendida por profesionales cultos y de buen gusto,no existieran entonce.
Un abrazo.