sábado, 7 de septiembre de 2013

LLAMADA EN ESPERA


 Los actuales sistemas de comunicación pueden convertirse en excelentes recursos para tapar ausencias y suponer eficacias.
Telefonea usted a una de esas pomposas oficinas creadas por la difusa burocracia que nos envuelve presuntamente a su servicio bien sea para información, reclamación o asesoramiento y se sorprende por el saludo inmediato de una voz femenina bien timbrada que le agradece la llamada, ratifica que está a su disposición y le avisa que lo más pronto que puedan atenderán su encargo.

No pretenda inocentemente contestar. Cualquier diálogo es imposible. Se trata de un mensaje grabado. Si quiere comprobarlo no tiene más que reiniciar el proceso. Oirá lo mismo y le tranquilizarán con idéntico mensaje.
Si la oficina, el departamento o el servicio al que usted se dirige dispone de dirección informática, que es lo más probable, y el depósito de su confianza se halla bien nutrido, intente traducir la petición telefónica en un texto de solicitud adecuado a la disciplina de Internet. Volverá a sorprenderse. Lo mismo que escuchó telefónicamente o cosa parecida, se le convertirá en una sucesión de estimulantes frases de acogida precedidas de una coloreada y atractiva portada y ultimada con similares palabras de la respuesta anterior. “Tan pronto como sea posible procuraremos complacer sus deseos” . Es una especie de “ahora voy” o “tardo cinco minutos” que, como es sabido jamás respeta la dimensión del tiempo. Nunca será ahora y los cinco minutos pueden convertirse en horas.

Aun queda más. Esta práctica que sublimiza el disimulo y, en contra de los deseos de quienes la implantaron, levanta sospechas de absentismo a cubierto de miradas acusadoras, reserva emociones inéditas e ilusiones recién estrenadas.

Atienda la secuencia que sigue que no tiene desperdicio. Telefonea usted y la voz que le saluda empieza por agradecerle su paciencia y le pone en conocimiento de que todos los operadores están ocupados… que, en cuanto termine uno, se pondrá a su disposición… y que su llamada es la número siete.
Obedece. Espera. A poco recibe con alborozo la noticia de que su petición es la seis…y en instantes la cinco… y luego la cuatro…y cuando la voz ignota canta el uno, que es el suyo,  aparece imprudente la señal telefónica de ocupado. ¡Ah, decepción! ¿Qué ocurrió?... El jueves último me llegó el mensaje aclaratorio en la botella de náufrago de los peticionarios de servicios informatizados: Lo siento señor, explicó la señorita que acababa de dar su nombre y se aprestaba a atenderme. Se me ha ido el sistema. Deme su número y le llamaré cuando lo recupere. La obedecí. Se lo dije. Parece que lo apuntó. Como era el de mi teléfono fijo, ayer no salí de casa esperando. Hoy todavía no me ha llamado.

1 comentario:

Emilio Mellado Conde dijo...

Es como intentar dar de baja algún servicio o póliza de seguros todo son impedimentos, que fueron facilidades antes, al contratar.