jueves, 4 de septiembre de 2008

El Cid desde la barrera de Juan Manuel de Prada.

He conseguido asiento detrás del burladero de matadores porque torea El Cid y quiero estar cerca del inteligente comentarista de opinión de ABC que, en uno de los pasados números del periódico, el del lunes septembrino de la rentrée , hace del maestro de Salteras una de las mejores exégesis de su personalidad y de su toreo.

Juan Manuel de Prada que, a pesar de su bisoñez como aficionado, va camino de conseguir más premios que añadir a su larga lista por sus actuales crónicas sobre la fiesta, dice de Manuel Jesús que hace un toreo aquietado y hondo sin alardes vacuos y sin caer en esa tentación plebeya que asoma en otros lidiadores de probar pases superfluos, figuras y desplantes fatuos aprovechándose de las limitaciones o mermas del toro.

Es cierto. Lo ha visto bien. Y lo ha narrado con su impecable estilo añadiendo en otro párrafo que el toro se espiritualiza ante su toreo y su fuerza bruta parece que se transmite al brazo del maestro.

Vuelve a acertar en su lúcida observación. Victorino, el viejo, me decía en una ocasión que sería dichoso si fuese El Cid quien matase todos sus toros, luciéndolos y enseñándolos al público antes de dominarlos y poder con ellos. Porque el animal bravo – y aquí voy a entrar yo dejando de servirme del valioso préstamo de las palabras de Prada – en la corrida moderna ha dejado de ser el cornúpeta semisalvaje con el que subía el miedo hasta las gradas y andanadas cuando aparecía en la plaza, encanallado y cruel con los indefensos caballos a los que dejaba despanzurrados sobre la arena en crecido número… perseguía a los banderilleros limitando sus opciones de pareo y andaba traicionero y avisado a la caza del torero que, cuando lograba hundir el estoque en su morrillo, adquiría una transitoria aureola de héroe vengador, necesario y justiciero, que el público le otorgaba aplaudiendo con frenesí.

Hoy el toro ha pasado a convertirse en el colaborador necesario del torero, su partenaire imprescindible en la doble danza de la vida y de la muerte que ejecutan ambos sobre la arena. De aquí que deba ser corrido con lucimiento, mostrado a los espectadores y siempre respetado, pauta que sigue Manuel Jesús, como resalta la atinada pluma del escritor.

El Cid que, como todos los grandes de la tauromaquia, ha logrado llevar a su lado una cuadrilla conjuntada de subalternos que se mueve con donosura, profesionalidad y eficacia, ratifica la opinión que viene formando del toro que le toca en suerte cuando el Alcalareño o el Boni lo lidian tras haber superado el tercio de varas y aprecia si va largo, si tiene fijeza, si humilla y por qué pitón va mejor… o, al contrario, si no pasa, si sale distraído del capote, si derrota o protesta…
En resumen, el comportamiento que ya empezó a desarrollar en sus encuentros con los picadores. Y, con este conocimiento previo, radiografía y análisis completo del ser vivo, animal irracional irrepetible, peligroso y único, que se pone en sus manos, esculpe con valor, arte y sabiduría, cada una de sus faenas.

El resto lo habrá de poner la suerte… y Dios, cuya ayuda invocan, a veces obsesivamente, la mayoría de los toreros y a la que se acoge el diestro de Salteras, como también atisba Juan Manuel de Prada, de manera tan devota que pone un nudo en la garganta. “El mismo nudo – finaliza su texto el escritor – que luego no logramos deshacer mientras asistimos a su toreo hondo, poseído de verdad”

4 comentarios:

Pepe Luis dijo...

Coincido plenamente con su apreciación de que Juan Manuel de Prada será un recién llegado a la fiesta, pero que ha calado perfectamente al torero de Salteras y en su artículo "La hondura del Cid" la frase que mejor lo define taurinamente es que lo borda en negro sobre blanco.
Días antes, en otro artículo dedicado en aquella ocasión a Enrique Ponce, hizo tres cuartos de lo mismo, y es que en el artículo “Ponce: por el amor al arte” lo volvió a bordar sobre el pisoplaza de la pagina de Opinión del ABC.
Creemos sinceramente, que el que una firma como la de Juan Manuel de Prada dedique estos artículos suponen, además de una grata noticia, un grandísimo apoyo a la Fiesta, en estos días en que sin ir más lejos una de las noticias del día ha sido el juicio hacia quienes se tiraron al ruedo de la plaza de Barcelona, dando cobertura a estos señores.
Que un escritor de la talla de Juan Manuel de Prada, escriba así de bien del mundo de los toros, es una delicia para quien seguimos a este escritor y además amamos la Fiesta. Esperemos, que otros grandes de la columna en España sigan el camino ya iniciado tanto por Prada como por tantos otros columnistas para el engrandecimiento de la tauromaquia.

José Luis Garrido Bustamante dijo...

Totalmente de acuerdo amigo Pepe Luis.
Mi texto se complementa perfectamente con este Comentario.
Gacias por visitar mi Blog.
Un abrazo.

Angelmo dijo...

¡¡Vaya "nivelazo" que está cogiendo este rinconcito de la red!!
Enhorabuena, tanto a su autor como a sus comentaristas. Es una delicia leerles a todos.

ñoño dijo...

Maestro, a rebufo de su comentario, ¿es El Cid el torero de Sevilla en estos momentos?, ¿Necesitamos un torero?. Siempre se nos ha identificado con un estilo de toreo muy concreto a los aficionados de esta ciudad y el maestro de Salteras es un torero poderosisimo, sabio y grande entre los grandes del escalafon pero no creo que lo tengamos acogido como nuestro torero. Espero su segura brillante respuesta. Un saludo.