viernes, 29 de enero de 2010

¿Quiere usted un muerto en su cocina?

¡Anda que no hay nadie que quiera el cementerio nuclear!, me ha dicho mi santa esposa apenas ha abierto los ojos porque desde el alba o cosa así ella escucha la radio y se levanta enteradísima de todo lo que pasa.

Hay tanta gente y tan llamativo es el hecho que no me ha dejado pensar en otra cosa mientras me afeitaba haciéndome diversas consideraciones de filosofía barata que son las que traigo hoy aquí.

La primera es la concerniente a lo caninos que están los Ayuntamientos de los pueblos que ven un Euro y se lanzan a por él como los chiquillos con los caramelos de los Reyes Magos.

La segunda es la insensible costumbre que crece entre nosotros de no pensar en los demás, ni en los que nos rodean, ni en los que habrán de sucedernos.
Llegamos al aparcamiento con nuestro coche y en vez de maniobrar para meterlo como Dios manda entre las dos rayitas, lo entramos del tirón y no lo enmendamos abandonándolo torcido cubriendo dos plazas. Y nos empeñamos hasta las cejas como está haciendo el Gobierno contrayendo una deuda asfixiante que habrán de pagar nuestros nietos después de que nos hayan dado una patada en el culo expulsándonos de la zona Euro y nos da lo mismo.

Así nos va. Con un despiste gigantesco. Porque más de uno se cree que los cementerios nucleares son como los de los romanos que dejaban el subsuelo perdido de cántaros, esculturas y lucernas y que luego cuando los descubren y los limpian los del pincelito o se venden carísimos en los anticuarios o llenan los museos.

Con esto de lo nuclear me da a mí el pálpito que va a ser distinto. A ver el día de mañana quien da un duro por uno de eso envases que nos muestra la tele como cajas grandes de galletas, pero que dicen que contaminan y matan que no quiera usted saber.-

Claro: como ese problema lo tendrán los demás y el dinerito fresco que dan por aceptarlo lo voy a cobrar yo ¿a mi qué me importa el día de mañana y las preocupaciones que hereden los que me sigan?... El vivo al bollo.

¿Quiere usted un muertecito dentro de su cajita torneá?... Lo puede enterrar bajo el suelo de su cocina… ¿Cuánto me dan?... ¿Tanto?... Pues venga para acá antes de que se lo lleve otro.

4 comentarios:

Arrayán dijo...

Buenos días, Sr. Garrido,

Acudo a la cita obligada con su blog, y como le prometí aquí dejo mi comentario sobre este asunto, que va a traer mucha tela por lo que estamos viendo.
El problema de los ayuntamientos no es otro que en los últimos tiempos han sido el mejor ejemplo (con sorna lo digo, claro está) de como dilapidar los fondos y endeudar al pueblo. Y lo peor es que no hay excepciones en las tendencias póliticas. Que lo han hecho todos y ahora poco tienen que echarse en cara, me temo.
Y claro, ahora están que no tienen ni para plantar las flores de los jardines. Que en mi municipio (yo vivo en Majadahonda) me veo sacando las macetas a la calle para darle a ésta un aire primaveral.
Le deseo un estupendo fin de semana.

José Luis Garrido Bustamante dijo...

Querido@ Arrayan: Tanto es así que el otro día oí decir a quien hablaba del mismo tema que, de seguir por ese camino, en vez de Majadahonda sería "Cagada profunda"
¡Qué pena! ¡Con lo bien que se vive en Majadahonda!

AdP dijo...

Por un lado, las centrales nucleares, que precisan de estos cementerios para almacenar sus residuos. Por otro, los ayuntamientos, que están mas secos que la mojama. ¿Cabía esperar otra cosa?

Leo el periódico, escucho la radio y veo la televisión, y no distingo más que falta de integridad y de responsabilidad: nuclear sí, pero no donde yo vivo. Por estas cosas es por lo que creo que no puede existir un debate a nivel nacional sobre el asunto en cuestión. Y es algo muy necesario porque, sigan funcionando las nucleares o no, tenemos muchos residuos que almacenar.

Por otro lado, España dispone de mucho sol y de mucho viento. Con la que está cayendo, creo que nos encontramos en el mejor momento para dar un impulso definitivo a la tecnología necesaria para aprovechar al máximo las energías renovables creando una industria fuerte para este sector. Si nos quitan el ladrillo, el turismo y los coches que hacemos para los alemanes y para los franceses, ¿qué nos queda? Nada, y sin una industria fuerte vamos a tardar muchos años en salir de donde estamos.

Saludos.

José Luis Garrido Bustamante dijo...

Excelente comentario. Como para presumir de la calidad de los lectores de este Blog.
Abrazos