viernes, 1 de enero de 2010

Año nuevo de uvas revoltosas.

Si no nos hemos atragantado… si no han formado las frutas acumuladas sobre la lengua una masa informe… si no se nos ha perdido sobre la alfombra ninguna uva desprendida del cartucho… habremos podido desearnos de corazón lo de todos los años llevando de unos a otros la humedad de los demás depositada en nuestras mejillas.

Los besos, abrazos y apretones se habrán repetido en las calles, en los hogares y en los platós de la televisión donde este año han alternado los presentadores veteranos con los noveles ascendidos por la efímera fama adquirida en la pequeña pantalla.

Llega el momento de las mediciones. Al borde del apagón analógico, la difusión tradicional ha competido con la TDT y esto ha podido distorsionar los análisis. La atención, pues, se desplaza de los rostros agraciados que se asomaron a la caja tonta al aparatito que mide su importancia y la pregunta inquieta:

¿Cuántos hogares con recepción digital disponen en la actualidad de audímetro?

Los expertos contestan que el panel está en torno al 65 por ciento, pero eso no significa que sean todos sino solo los incluidos en la muestra que es una selección aleatoria de ellos y se ha incrementado recientemente en un 17% desde 3,850 hasta 4,500 unidades, entre otras razones para hacer frente a la fragmentación de la totalidad que requiere mayor tamaño muestral para poder estudiar audiencias cada vez más reducidas y públicos objetivos concretos.

Personalmente estoy lejos de pretender causar a nadie dolor de cabeza en este día, pero debo aclarar que por definición el panel es una herramienta de investigación que difícilmente puede reportar con solidez datos de audiencia de cadenas de baja penetración o de ámbitos geográficos pequeños, pero resulta perfectamente válida y creíble para audiencias masivas. Es un procedimiento estadístico que afecta a cualquier estudio de mercado basado en muestras.
Mañana nos dirá si la Uno sigue siendo la preferida para recibir las campanadas, si Belén Esteban arrasó y si la apuesta cultural de Antena tres consiguió un respaldo aceptable.

Yo elegí esta última y contemplé a un Antonio Garrido con diferente look,sobrado de estrenada veteranía y a una Patricia Montero, juvenil y sugestiva que nos introdujeron con pericia en la magia de Santiago de Compostela en vísperas del Jacobeo mediante planos esplendidos de su monumentalidad. El programa me supo a poco y, la verdad, es que resultó mas corto que el de sus competidores inmediatos como si quisiera ceder a ellos la primacía.

Esto me permitió alcanzar los últimos minutos de la Uno con un elegante Manuel Banderas,de menor estatura que Anne Igartiburu,su partenaire, cuyo contraste recogía una cámara sin disimulo y más adelante la despedida de Belén y Jorge Javier Vázquez.

Con estos escasos datos me permito aventurar que los audímetros efectuarán esta clasificación: La Uno, la Cinco y Antena tres. Luego las demás.

Mañana lo sabremos.