martes, 4 de mayo de 2010

Del circo auténtico al de los programas del corazón.

Morir en loor de los programas de televisión como le ha ocurrido a Angel Cristo tiene sus problemas.

Hoy sus comentaristas han sofocado sus críticas y sus opiniones adversas porque sería despiadado iluminar la carpa mediática cuando el cadáver aun está caliente.

Ya veremos como esos que se dicen periodistas sin superar nunca el listón de los chismosos de casas de vecinos, habitantes diarios del charivari de los programas del corazón de las televisiones, se lanzan sobre sus despojos como aves carroñeras para llenar los minutos que ocupan con la carnaza de sus miserias, algunas tal vez verdaderas, pero las más desmesuradas o inciertas.

No respetaron la memoria de las estrellas rutilantes: Carmina Ordoñez, Rocio Jurado, Encarna Sánchez… y … ¿van a respetar la de este pobre gladiador que se comportó durante su vida con los desaciertos que son sabidos en una existencia tan ajetreada como la suya?.

Mario Abascal, señor y maestro de la publicidad andaluza, trató mucho a la familia de la estrella circense. Especialmente al padre de Angel que todos los años, cuando su circo llegaba a Sevilla le confiaba la publicidad. Y sabe de los esfuerzos del niño prodigioso que se enfrentó a las fieras desde su más temprana edad.

Mi mujer, Yoly, estaba un día comprando en el Corte Inglés del Duque y les oyó hablar a sus espaldas intentando cada uno complacer los deseos del otro en un entendimiento ostensible de la pareja matrimonial.

Las secuencias de esa época, dichosa para la unidad de ambos y para sus hijos, son pródigas en primeros planos en los que el domador mira a su esposa de abajo arriba, porque el tipazo de Bárbara Rey superaba con creces al suyo. Cuando Angel quiso mirarla de frente, a los ojos, como hacía con sus fieras, empezaron los problemas.

El astro de la carpa iluminada cada vez se identificaba más con sus leones. Pero asumía sus zarpazos haciéndolos suyos. Es el eterno problema de la convivencia entre el hombre y la bestia: Terminan pareciéndose uno a otro. A la bestia tal vez no se le note. Al ser humano suele hacerle daño. Sobre todo cuando la bestia es una fiera.

Se ha hecho trizas el cartel gigante de las esquinas callejeras. Y la adolescencia de muchos de los que todavía aunamos en el recuerdo las emociones y sorpresas del Circo Ruso con los tiempos dorados de la Feria de Abril.

Que descanse en paz.

1 comentario:

Cristina dijo...

Totalmente de acuerdo con usted Sr Garrido.
No me gustan nada los programas del corazón. Donde se dicen periodistas de la información,criticando a todo personaje público.Están los que se "dejan" e incluso participan de ese circo mediatico. Y los que no se dejan pero de igual forma,pasan a ser criticados e investigados, como si se tratase de delincuentes.

No le miento si le digo, que al conocer la noticia y ver a Barbara Rey "destrozada" pensé:
Pero esta mujer no es la que fué a decir que Ángel Cristo la había maltratado?? Uff,la semana que viene está en algún programa de prime time para contar su vida y misterio.

La realidad de estos programas, es que muchos de los famosos, son los que alimentan las barbaridades que llegan a decir,prestandose a ello.

Desde hace un tiempo decidí que en mi tv no se veía ningún programa de cotilleo más.

Reciba usted un cordial saludo.