lunes, 21 de diciembre de 2009

Cuentos de invierno

El invierno es un vejete, serio y formal, que aparece siempre en la fecha marcada,el 21 de diciembre, a menos de veinticuatro horas de que se juegue la lotería y a tres días de que conmemoremos el nacimiento del Niño, o sea asentándose en una estela de felicidad y esperanzas que él se empeña en molestar con incomodidades gélidas de nieves y ventarrones.

Esta vez ha seguido siendo así.A los ancianos les incomoda sobremanera alterar sus costumbres.Prefieren su ropa vencida, su sillón desvencijado pero hecho a su cuerpo, su casa antigua… El obispo Rafael Bellido cuyas vivencias ha recogido magistralmente mi admirado compañero Andrés Luis Cañadas en un libro que hay que regalar en estos días, asistía a una moribunda a poco de ser ordenado sacerdote y, describiéndole las bondades del cielo al que estaba a punto de partir, escuchó que la viejecita le decía con un hilo de voz:

-- Está bien, don Rafael, pero como en la casa de una, no se está en ninguna parte.

En estas fechas con el envejecido almanaque descolgándose a pedazos de la pared, la casa puede modificarse con el empuje de la grey joven que heredaron de sus mayores esa deliciosa costumbre de adornarla con motivos navideños.

Ya ocupa el árbol importado tanto lugar como el Nacimiento, si no es que lo haya ido marginando hasta defenestrarlo completamente y todavía los nietos y sobrinos pequeños sitúan sobre las pajas del portal entre el buey y la mula al Niño recién nacido en vez de a Papa Noel que, como inmigrante protestón, viene echando instancias cada año para sustituirle. Algo es algo. Modificar las letras de los villancicos para cantarlos en honor de Papa Noel recién nacido sería el colmo

Cuando se va la luz, que a veces huye, a pesar de las modernidades de las compañías suministradoras, y calla el televisor, la voz cascada de otro anciano, el abuelo de la casa, tal vez recuerde un cuento antiguo y lo cuente recuperando la vieja costumbre, escondida hoy tras las cortinas cibernéticas.

Serán cuentos inocentes, bondadosos y, sobre todo, creíbles. O sea bien distintos de los que todos los días pretenden que nos traguemos los que disfrazan con ellos la vida ordinaria: Que,en vista de la crisis, el Gobierno se dispone a ahorrar aunque empiece contratando a dedo a casi seiscientos asesores … que el Betis terminará el año dentro de los puestos de ascenso… que Torrijos nunca envió a Cuba ni un mechero…que todos los españoles estamos muy orgullosos de nuestro digno comportamiento ante Rabat en la crisis reciente… que el tranvía sin catenarias se inaugura con el Año Nuevo… que al fin se pagará la deuda histórica como si Griñan fuera Montilla y catalanes todos los andaluces …

Por eso el blanco impoluto de la nieve es el color que distingue al marchito y sabio vejete, al que llaman Invierno, que, con mayor abundancia de arrugas, profundas como precipicios, cada vez dibuja mejor en su rostro una sonrisa triste.